Los nazarenos siempre tratan con exquisito respeto al que sabe contemplar su desfile en silencio.
La procesión es un acto cívico religioso que no admite interrupción por parte de los espectadores; aunque los huecos entre las hermandades pudieran permitirlo, no cruce por medio.
Busque salida tras los espectadores. Si la necesidad fuese extrema, cualquier nazareno le pondrá en contacto con el hermano mayor más cercano responsable del orden procesional.
La calle, desde el principio de la procesión, es del nazareno. No dificulte el acceso al desfile, ni impida su desarrollo.
Los abulenses siempre hemos sido hospitalarios con quien, de buen fin, viene a nuestra casa y comparte nuestras tradiciones. Pero por eso mismo, exigimos, desde el principio, el mismo respeto con el que nos gusta tratar al visitante.